Cazadores de premios

El fútbol paraguayo está transitando un camino peligroso, sinuoso. El rumbo deportivo está en manos de las oportunidades económicas, que cada vez son más apetecibles y accesibles. De 12 clubes clasifican 8 a torneos internacionales y esto representa un retorno monetario importante, que se acrecienta de acuerdo a la competitividad de cada equipo. Ser campeón del Apertura o Clausura, significa ingresar en fase de grupos de Libertadores y eso equivale a USD 1.800.000. Monto que nuestros clubes pueden obtener con la venta de un jugador medianamente  prometedor.

¿Cuál es el problema de que los clubes facturen?

No debería tener ningún efecto negativo el progreso económico, pero haciendo un análisis de las situaciones que se vienen sucediendo, uno se debería alertar por las señales que emiten los protagonistas, ya sean jugadores, cuerpos técnicos y directivos.

Para los futbolistas, la plata buena está cuando logran clasificar a Sudamericana o Libertadores. Una vez logrado ese objetivo, el enfoque mayor se centra a esos partidos, donde los premios son especiales y no juegan con la misma entrega los juegos locales (ya lo sufrieron clubes como Nacional, Sol, Capiatá, Luqueño, entre otros).

Los técnicos presionados por lograr resultados positivos (entre los menos pretensiosos asegurar como sea al menos Sudamericana) tienen poca tolerancia para promocionar jugadores formados en la cantera del club que dirigen.

Ese estado de ánimo se está instalado también en los directivos, quienes piensan en suprimir el reglamento del Sub 19 en cancha y en algunos casos se niegan a ceder sus futbolistas a los diferentes seleccionados, para no debilitar sus equipos, pensando siempre en los torneos internacionales.

CAMINO MÁS LARGO. Hoy ser cazadores de talentos y formadores de futbolistas sigue siendo un negocio rentable, pero es el camino más largo para hacer buena plata.

Mantener un complejo deportivo como el que poseen Cerro y Libertad, sostener seis categorías juveniles (Sub 14, 15, 16, 17, 18 y 20) es costoso y desgastante. Son cerca de 200 futbolistas que deben ser monitoreados y asistidos en todos los sentidos, de los cuales con mucha suerte se logra utilizar en cinco años a media docena de ellos en el plantel principal y uno o dos son transferidos.

EL ATAJO. Es más fácil para un club por ejemplo como General Díaz, reforzarse regularmente para un semestre, sumar la cantidad necesaria para estar entre los ochos internacionales y facturar en premios como en esta edición de la Sudamericana, USD 500.000 en dos fases. Ese monto es cercano a lo que había logrado con la transferencia de Antonio Bareiro a Libertad. Esa cantidad es la  más importante en ese rubro, desde que ascendió en Primera (cinco años en la máxima categoría).

Otros ejemplos son; Cerro y Libertad, que ingresaron a fase de grupos de la Libertadores 2018 y como premio recibieron USD 1.800.000 cada uno. Sería el 50% de lo que facturó la entidad gumarela por la transferencia de Jesús Medina. Es el monto cercano a lo que percibió Cerro por la venta de Josué Colmán. Eso se logra hoy siendo campeón de uno de los dos torneos, o sea en apenas un semestre bueno.

En síntesis, apartando a Olimpia, Cerro, Libertad y Guaraní, los demás clubes pueden tranquilamente ignorar sus formativas y ganar cifras que pueden ser comparadas como una transferencia, con una sola clasificación internacional. Eso afectaría tremendamente al mejoramiento de nuestras diferentes Selecciones, que se nutren de lo que producen los clubes.

DESINTERÉS. Pero los directivos de clubes están más preocupados por los intereses de sus respectivas entidades, que por la Selección. Hoy día ya no hace falta que un jugador tenga experiencia de selección para ser mejor cotizado. La globalización permite vender sin pasar por ese filtro. Por eso se entiende que varios clubes se mostraron contrarios a ceder sus jugadores para el  cuadrangular que terminó ayer.

Para que nuestras selecciones sean exitosas tenemos que empujar todos juntos. Prensa, aficionados y directivos, especialmente de los clubes, deben aunar esfuerzos.  Los clubes son los que tienen más tiempo a los jugadores (desde Sub 14) y a mi parecer son los que mayor responsabilidad tienen en la formación integral de los valores.

Lamentablemente, hoy muchos  prefieren ser cazadores de premios, antes que de talentos.