¿Cosa de hombres?

Por Pedro Lezcano - @pedritolezkano
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Al empezar a escribir estas líneas no puedo evitar pensar en la cantidad de veces que una mujer tuvo que oír que algún deporte o en particular el fútbol no era algo para ella, como si el género fuera condicionante total para la realización de una actividad cualquiera.

Sucede que el simple -y a la vez complejo- hecho de ser mujer es muchas veces meritorio de palabras denigrantes para nuestras madres, abuelas, tías, hermanas y hasta hijas, y no solo léxicos, sino también gestos que a diario están en todas partes, tanto que incluso ni caemos en cuenta.  

Bien sé que saldrán muchos con sus argumentos, válidos o no, a tratar de explicar las diferencias entre los géneros y no los culpo, con mis contradicciones comprendo que esta sociedad en la que vivimos tiene tan naturalizado en sus entrañas que las mujeres están destinadas a tareas de corte "menos físico", a lucir siempre el mejor peinado, a mostrar una sonrisa -aunque no se encuentren de acuerdo con algo- y, por supuesto, a dejar los botines para los hombres.      

Mientras ellas cocinan, lavan, planchan y cuidan a sus criaturas; ellos se ponen los cortos y salen a chutar, amateur o profesionalmente, al menos esa es la constante y la situación se repite a diario en un montón de hogares. Tales condicionantes se trasladan a otras esferas: según las estadísticas, ellas son violentadas, ellas son agredidas y, como las tendencias siempre van en ascenso, ellas son asesinadas.

Al continuar estas líneas no tengo intenciones de sonar trillado o aunque resulte inevitable que las chicas me cuestionen lo superficial que pueda resultar mi análisis, mi idea es hacer desde acá un espacio para la reflexión y un merecido apartado para celebrar lo logrado por el equipo del Sportivo Limpeño en la reciente Copa Libertadores de América.

En lo personal, me tocó seguir todos los partidos del certamen, lo hice con gusto, empecé desde la fase de grupos, cuando entonces todavía la hazaña de estas compatriotas estaba lejos de las cámaras de televisión y ni hablar de las tapas de los principales medios del país.

Y es por eso que pienso otra vez en cuántas veces estas futbolistas, no todas, tuvieron que escuchar que alguien les diga (padres, abuelos, hermanos, tíos, extraños) que la mayor de sus pasiones no era algo para ellas y que la redonda, amada y venerada pelota era  "cosa de hombres".

Como muchos de ustedes, apreciados lectores, la respuesta concreta no la tengo, pero si de algo estoy seguro es de que muchas veces, bah... muchísimas veces estas se habrán sentido apartadas de los partiditos en la plaza, en la escuela o en algún lugar improvisado y con dos arcos imaginarios, pero que a pesar de ello nunca decayeron.

El fruto ahora posará en la vitrina del club de la ciudad del karanda`y y lo que es mejor, imagino, el balompié femenino paraguayo conquistará el lugar que se merece y por consiguiente, seguirá callando bocas.