El adiós del último ídolo rebelde

Los ciclos en el fútbol se apagan de diversas maneras, algunos de forma natural y otros son forzados. En este ámbito se puede ubicar el alejamiento de Jonathan Fabbro de Cerro Porteño, el último "rebelde" que hizo palpitar con mayor vigor la fibra de la hinchada del Ciclón.

Su presentación se había dado con mucha parafernalia en la Olla Azulgrana en el 2011. Y Fabbro no tardó en encontrar su lugar en el equipo y así también en amarrar el sentimiento de la capital, ya que el público se entregó a él de inmediato, sin  que el enganche tire paredes o entinte el césped con algún que otro lujo.

Después de ser el farol aurinegro en el torneo Apertura 2010 y consagrar a Guaraní tras 26 años de sequía, Juan José "rompió" el mercado de pases del año siguiente al desembolsar cerca de 3 millones de dólares por el que se puede considerar la primera gran apuesta en la "era Zapag".

La aceptación de Fabbro era tal que incluso se instaló en los despachos de los altos dirigentes. Mantuvo relaciones chirriantes en algún momento con entrenadores como Francisco Arce y en su último ciclo con Gustavo Morínigo. Aún así la grada no dictó sentencia clara o su decantación en este juicio final.

No obstante, el exabrupto protagonizado con el sustituto de César Farías el pasado 30 de abril puso la impensada fecha de caducidad a su etapa en Barrio Obrero. Jonathan fue marginado por el entrenador y ya no formó parte de los juegos del torneo Apertura y de la Copa Libertadores.

La última incorrección le abre la puerta trasera del club al argentino nacionalizado paraguayo,  que deja como activo dos títulos en el Ciclón. De producirse este inconveniente en otra era y no tan cerca del estruendoso fracaso del primer semestre, pienso que la renovación hubiera sido una cuestión de trámite.