El indicado en la recesión albirroja

La dirigencia paraguaya se aboca en la búsqueda del reemplazante de Ramón Díaz. Hasta el momento se barajaron demasiadas opciones: una turbia mezcolanza de perfiles y estilos. El problema no es un pleito menor para la APF, que medirá la muñeca de Robert Harrison, su intuición y el nivel de su complicidad con el éxito en el incierto devenir del fútbol.

En esta situación compleja irrumpe una pregunta clave: ¿Quién es el indicado para esta nueva recesión futbolística? Desde mi punto de vista este profesional debe ser de "cualidades múltiples", una especie de bombero y mago, resultadista y ambicioso, capaz de hacer girar la polea de inmediato.

En un principio la vara de la ambición fue alta: Diego Simeone, actual entrenador del Atlético de Madrid, la tercera fuerza de España. Una quimera. Luego la pretensión descendió hacia el volcánico Miguel Herrera (Tijuana) y Jorge Fossati (Al-Rayyan), "el cura" que se hace rico en Catar. Ambos reconocieron propuestas oficiales de Paraguay.

Pero no son ni serán los últimos nombres que fluyen por la corriente de la información periodística y por el vaho de la especulación mediática. Del plano local, más bien por una cuestión de identidad, se nombraron en cierto momento a los 4 mejores de la actualidad: Morínigo (metódico), Arce (táctico), Tiburón (pragmático) y a Jubero (ofensivo).

La posibilidad de que sea un paraguayo es distante. Según Juan Alberto Acosta, Harrison descarta nombrar técnico de un club local, por lo que se debe tachar a los citados. Solo queda José Cardozo, con buen roce internacional, y el principal ahora, el colombiano Reinaldo Rueda.   

Sin importar el nombre ni el origen, el próximo estratega debe "saber obtener resultados" y este no es un don que se aprisiona en las venas de cualquiera. Paraguay necesita sacar buenos dividendos en las Eliminatorias para no quebrantar en exceso el operativo Rusia 2018 ante Chile, el 1 de setiembre, y cinco días después en el Centenario frente a Uruguay.

Este entrenador debe ser un crítico de su tarea para poder corregir errores y no conformarse con pírricos triunfos. Con los Díaz (Ramón y Emiliano), Paraguay pasó de pobre a rico. En el discurso. Y anclamos en el peligro en Estados Unidos. Ellos se fueron con el engaño del trabajo grandilocuente. Y la verdad dejaron muy poco.

Además debe ser consciente de la necesidad del fortalecer el recambio generacional. Una camada talentosa ofrece buenas perspectivas y dará grandes satisfacciones en un par de años. Antes se tiene que bucear en lo mejor del pasado reciente, descubrirlo, para gestionar victorias en días de sombras. Y a ver si cantamos algún que otro bingo.