Fútbol Internacional domingo 03 de julio de 2016

El penal de Óscar Cardozo: estigma, castigo y nostalgia

VIDEO. La historia de Óscar Cardozo demuestra que no solo los arqueros pueden convertirse de héroe a villano en cuestión de suspiro. El penal frente a España marcó profundamente al delantero, que ni su memorable resolución ante Japón, también desde el punto del castigo, pudo significar una absolución anticipada.

El fútbol no siempre suele ser justo. Pero la mayoría coincide que el arquero ocupa el puesto más cruel. La gente suele sumergir en aplausos al hombre más solitario de la cancha, enaltecerlo por sus tapadas, pero así también cuando en una falla, el "hincha todopoderoso" no mengua con la memoria y lo empuja al abismo más oscuro.  

No obstante, la historia de Óscar Cardozo en la Selección Paraguaya demuestra también que los goleadores corren el mismo riesgo de convertirse de mesías a patán en cuestión de segundos. Su penal frente a España, en aquella Copa del Mundo de Sudáfrica 2010 en la que se hizo historia, no murió en los guantes inoportunos de Iker Casillas.

Es un rescoldo que se reaviva cada 3 de julio. Ni la memorable ejecución ante Japón, también desde el punto del castigo, pudo significar su absolución anticipada. Es un estigma que vive por la fuerza del exitismo, y que castiga a su vez, contrariamente, al protagonista del gol más importante de la Albirroja en la historia de los mundiales.

Aquel goleador, que fue frío en su obra maestra frente a los orientales, se encargó de la falta que a él mismo le cometió el defensor Gerard Piqué en el minuto 58, que resultó ser fatídico. Cardozo, que aún mantenía un juicio infundado con la afición nacional, dejó a un lado la sutileza con la que se encumbró cinco días atrás y sacó un cañonazo de sus botas.

Iker solo acertó el lado y sumió al mejor nueve paraguayo de ese tiempo en la desolación. El resto es historia conocida. Villa hizo el gol de nuestra derrota. Con el pitazo del árbitro, Tacuara no pudo contener el llanto, que se fue perdiendo entre el ruido de la vuvuzela. No tuvo la culpa. Pero sabía muy bien que el "fútbol" y los hinchas no son justos al sopesar fallo con acierto.  
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