El plan de Farías y la obligación de Cerro

El plan de Farías, si es que lo tiene claro, se hace poco visible todavía. El equipo es un trasunto de lo extraño, al que le cuesta transmitir su convencimiento o poner en marcha la fiabilidad de su esquema. En la búsqueda de esa identidad, a su igual medida, la confianza también se diluye cuando aparecen las caídas que no dejan arrancar. (Rubio Ñu, Luqueño y Sol).

Para completar las cuentas, Cerro Porteño rescató un empate a duras penas a Guaraní cuando la Toldería de Dos Bocas era cuna de confusión en los tiempos del uruguayo Fabricio Bassa. Luego triunfó ante los dos benjamínes del torneo Apertura 2016 (River Plate y General Caballero) y en el primer superclásico de la temporada frente a un Olimpia sumido en crisis.

Aún así todo indicaba el despunte definitivo en la competencia casera, hasta que llegó la goleada del Unicolor, que lo volvió a sacar del camino. El mazazo azul y los demás resultados muestran a un elenco azulgrana inestable en este aspecto (gana uno, pierde otro), incierto en su quehacer en la cancha y sin entender el estilo que procura imponer el técnico caribeño.

Hasta aquí César Farías construyó la explicación sobre el trabajo azulgrana a partir de las metáforas, aunque a su hermano no le salió bien el recurso de la comparación tras la última derrota en la que se mezcló con la historia bélica de nuestra nación. Totalmente inoportuna. Hacer es la mejor forma de decir, cita José Martí. Y en eso el equipo aún está en deuda.

¿Cómo juega? ¿A qué juega? ¿Quién es su organizador?... Son preguntas que rondan el proyecto por el que Zapag invirtió fardos de dólares. Con un desmotivado Fabbro, en otro tiempo usina y líder futbolístico, hoy es marginado a la suplencia. La herencia pasó a los botines de Meza Colli, Beltrán, Sergio Díaz y a Luís Leal. Pero los resultados no son los esperados.

Parte de la afición se aferra a la ilusión del cambio radical, que puede darse en cualquier momento por la calidad de la plantilla. La otra parte sirve a medio vaso la autocrítica, necesaria para mantener alerta al equipo, que debe responder a esa inquietud. Falta que Farías desista de querer convencer a partir de la oratoria, porque nada es más dañina que creerse el propio engaño.

Con lo serio que se muestran los "modestos" (Sol, Luque y Capiatá)  y "lo exigente" que son en la competencia continental, Cerro debe mejorar para evitar el choque con el paredón del fracaso.  No es un intento de insertar de forma apocalíptica la premoción del revés, pero la inestabilidad, el rendimiento, son ciertos atisbos que de no modificarse pueden enfilar hacia él.