Entre las promesas del fútbol y la política

"El  fútbol es un reino de la libertad humana ejercido al aire libre", según el filósofo, político y periodista italiano Antonio Gramsci.  

Por otra parte, el actual presidente de la APF, aún siendo candidato, al ser consultado sobre la posibilidad de persecución a quienes no votasen por él en la asamblea pasada había expresado que esto se trataba de fútbol y no de política.

Tamaña desinformación, como ignorando lo conectado en que ambos conceptos se encuentran y giran alrededor de nuestras vidas en sociedad, todos los días.

Fernando Carrión, en su ensayo Fútbol y Política dice: "El fútbol es un espacio donde confluyen una infinidad de intereses políticos, las ciencias políticas y los partidos políticos no lo son en absoluto ajenos".

De remate se encuentra demostrado que el fútbol, masivo por excelencia, puede claramente funcionar como un trampolín político para dirigentes, periodistas, futbolistas y entrenadores, pues da la posibilidad de generar adhesión.

Los ejemplos sobran, Berlusconi en Europa o Pelé en Brasil, Macri en Argentina y el mismo Cartes en Paraguay por mencionar a los más sonados a nivel latinoamericano.

Desde los municipios hasta llegar al gobierno central se tienen distintas políticas sobre el deporte.

En algunas concejalías, por señalar uno de los puestos públicos, se llega a tal grado de regalar balones de fútbol a cambio de votos o inaugurar una cancha o torneo de fútbol para poder estar presente en la vida cotidiana de las personas.

Sin embargo las políticas deportivas van más allá de la mera promoción o desarrollo deportivo de una población, aunque muchas veces  se intente utilizar al deporte con otros fines de los que esta actividad tiene.

Como la promoción de la salud biopsicosocial o un desahogo del estrés de la rutina diaria, entre otros distintos fines que podemos encontrar más allá de esos que se utilizan para resaltar una imagen pública.

Sin embargo, así como un futbolista no es un político, tampoco un equipo es un partido político y en las gradas, los hinchas divergen en sus ideologías.

Pero cuando tocamos lo que tenga que ver con la APF, todos nos sentimos parte del asunto, aunque no tengamos ni voz ni voto en esa elección y organizativamente estemos lejos de la posibilidad mínima del ejemplo de la Democracia Corinthiana.

Quizás la expresión de Robert Harrison tuvo otro espíritu, mas bien conciliador y con ganas de trabajar con todos por el bien de nuestro balompié.

Tal vez el hombre es capaz y sinceramente no tenga intenciones de perseguir a quienes no apoyaron su proyecto, práctica que según sus palabras no le es viable, no lo sé, ya el tiempo lo dirá.

Mientras tanto todos estaremos pendientes de ver si el nuevo mandamás cumple con sus otras promesas como la de mejorar el arbitraje, hacer todo lo posible para llevarnos a Rusia 2018, renegociar el contrato de transmisión televisiva y los más trascendental, la buena inversión y apuesta en las divisiones inferiores y los clubes del interior del país.

El discurso a priori es convincente, tengo mis dudas, pero veremos cómo se desarrolla con el correr de los días. El desafío está y las intenciones parecen ser las mejores, ojalá y en serio, porque es necesario cambien los aires y se sienta de una buena vez la transparencia en el manejo administrativo del deporte más hermoso del mundo.  

De lo contrario Harrison corre el riesgo de ser igual que muchos de esos gobernantes que además de no cumplir con sus palabras, persiguen a sus antípodas o hasta partidarios por el simple hecho de ser críticos a su administración.  
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