Olimpiasábado 05 de diciembre de 2015

Factores del éxito decano: Orden y acertada inversión

Olimpia se consagró este miércoles como el mejor equipo del torneo Clausura del fútbol paraguayo. A continuación exponemos algunos aspectos claves del éxito franjeado.

Por Alcides Benítez - En Twitter @alcybenitez
Marco Trovato trajo la paz muy necesaria al club de Para Uno. Desde su asunción, el nuevo presidente no dio ninguna tregua a las hostilidades, sino cortó definitivamente con los tiroteos mediáticos. La lucha interna descarnada de otros tiempos desapareció del escenario franjeado.

El orden da tranquilidad y ese es un punto muy importante para el logro del título 40. Cuando la dirigencia apostó al todo por el todo, también hubo certeza tras la decisión. Más aún cuando Trovato se jugó el pellejo con Arce. A sabiendas de su pasado cerrista, la comisión directiva eligió a un técnico a quien le gusta el desafío y lo arropó desde su presentación el pasado 16 de marzo, incluso le dio respaldo constante cuando merodeaba la duda sobre Chiqui.

Pese a "los golpes en el tobillo", como según expresó el titular de la entidad ante las interminables  demandas, la nueva administración no quebrantó al plantel con falta de pago de salarios. En la previa del juego ante General Díaz, el club se puso al día con los jugadores y los demás funcionarios del club.

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Olimpia fue el equipo que más jerarquía inyectó a su plantilla en la segunda parte de la temporada para enfrentar el torneo Clausura y la Copa Sudamericana. Pese a su deteriorada finanza, el club se ingenió para poner a disposición del técnico Francisco Arce variantes de calidad.

La dirigencia franjeada trajo a Para Uno 8 refuerzos, y solamente Aldalberto González no formó parte del campeón. Los siete restantes influyeron en diferentes escenarios y en importantes proporciones que valieron paradas cruciales y goles definitorios.

Una de esas apuestas arriesgadas fue la incorporación del portero Diego Barreto, cuya continuidad fue impugnada en los despachos del club azulgrana. El Chiqui, conocedor de su competencia, sin dudar pidió por él y así añadió al esqueleto decano otro futbolista con ADN azulgrana.

La llegada del arquero significó un golpe mediático y desmoralizador a su rival de toda la vida. Trovato priorizó la calidad y no ponderó en su antecedente. Un acto lógico. No hacía más de un mes que canterano de Cerro, campeón con el club del cual es hincha, pedía el tradicional "minuto de silencio" en la vuelta olímpica.

El fútbol "nunca digas nunca", porque toma en el futuro callejuelas impensadas. Tiempo después, Barreto hizo una atajada monumental en el clásico a Jonathan Fabbro, en la victoria de Olimpia (3-1) con la que el cuadro de Arce asaltó la punta en una fea noche del guardameta del Ciclón Cristian Álvarez, responsable en dos de los tres goles. Ironía pura.

Otro que dio un giro de 180 grados a su carrera deportiva fue Miguel Paniagua. El zaguero no llegó a un arreglo económico con Cerro y de un día para el otro, impensadamente, apareció con la franja azabache puesta. Trovato volvía a ganar de mano a Juan José Zapag y cavó un cráter en equipo de Roberto Torres.

No obstante, los nombres de jerarquía empezaron a llegar del exterior con la incorporación de Pablo Zeballos (Atlético Nacional, de Colombia). El ídolo del franjeado alternó altas y bajas en el desarrollo del Clausura, pero aún así es el goleador del equipo con 8 tantos en 16 partidos disputados.

Luego Olimpia ató a José Ariel Núñez (Brøndby, Dinamarca). El delantero rindió más en la Sudamericana, aunque nadie olvida su tanto agónico frente a San Lorenzo que sirvió para remontar un partido chirriante en la pasada fecha 20 de la competencia.

Alejandro Silva fue el octavo en llegar (Lanús, Argentina), pero ha sido determinante en la recta final desde que el adiestrador pasó a un esquema fijo (4-4-2). Pese a que suele evaporarse con facilidad del juego, el charrúa ganó relevancia al firmar la sentencia del clásico pasado (3-1) y por colaborar con un doblete ante el cuadro santo (3-2).

Con menos quilate llegaron Piris Da Motta y Nery Cardozo. El primero, un quitador de carácter no sintió la transición y el peso de la camiseta. Fue titular hasta que Cristian Riveros recuperó su nivel y tuvo que conformarse con minutos cuando el mediocampo precisaba de músculo. El segundo hizo bien su trabajo de escudero. Brillo con goles ante Capiatá y Rubio Ñu.

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