Genes, el padre del fracaso

La Albirroja sucumbió (3-0) ante Argentina en el penúltimo juego del Hexagonal y recibió el golpe de gracia para que la decepción siga corriendo a flor de piel. El proceso, que no inició con Víctor Genes, lo eleva al término de esta debacle como el gran responsable.

El desempeño de Paraguay dio pena en el Sudamericano Sub 20. Ahora sin Mundial, una crónica anunciada por el estilo de juego arcaico implantado desde el comienzo por el técnico albirrojo, el fracaso de la expedición es total.

Un calificativo que por su peso y la extensión habla de "un resultado adverso", de un suceso "triste", bien aplicado a la "paupérrima" campaña, que solo Víctor Genes se resistió a creer y aceptarlo.

Pocas cosas se pueden rescatar de la deprimente participación, porque seguimos dando pasos atrás al no incentivar una mentalidad ganadora, en una etapa tan importante de formación integral de jugadores, que deja en la incertidumbre el ideal de un futuro mejor.

Tres derrotas y un empate en cuatro presencias en la fase final condenan cualquier justificativo, porque reflejan que "no se jugó a nada", y no es el castigo de una "mala racha" como evaporó por la rendija del campamento guaraní.

En el discurso "siempre salieron a ganar", pero la realidad es reveladora hasta "firmaron un pacto de no agresión" con Perú para no arriesgar el pasaje al Hexagonal. Paraguay desembarcó a este último partido con dos opciones, el  empate o los tres puntos.

POBRE. La parte neurálgica de la decepción hace referencia a la propuesta de Genes, el padre del fracaso. Aunque Paraguay hizo suyo históricamente "la fuerza defensiva" para sacar adelante los partidos, se suponía que el viejo molde podría romperse con jugadores de vocación ofensiva del actual plantel.

Esta camada llevaba como abanderado a Sergio Díaz, Luis Amarilla, Walter González, todos ya con experiencias en Primera División, algunos más que otros, y con el mismo traje se le "importó" a Antonio Sanabria de la Roma, quien el propio Roque Santa Cruz lo presentó como su posible sucesor en la Absoluta.

Sin embargo, el adiestrador presentó un "Paraguay atrincherado", contrariamente vulnerable, sin coraje, ni amor propio. No solo por lo demostrado ante los incaicos, lo que fue una abofeteada a la competitividad, sino por el sistema táctico, en muchos encuentros con hasta cinco volantes, un centro delantero amarrado, sin opciones ni poder de juego.

Está situación cambió con la crítica generalizada de la prensa y de la afición deportiva. Y el ataque guaraní tuvo dos caras en el Hexagonal cuando el final era ya una crónica anunciada.

El plantel sufrió la frustración. Sergio Díaz aguantó poco y ya en un plano de rebeldía pidió su titularidad cuando el adiestrador apostó todas sus fichas en Tonny, un jugador que a diferencia de estas cuestiones no mostró el peso de su verdadero quilate, y que en la derrota ante Argentina brilló por su ausencia cuando el crédito de los albicelestes Giovanni Simeone gritaba por duplicado.

Pero no hay que engañarse, esta situación tiene su justificación. El proyecto empezó a perder consistencia cuando Genes asumió a la apresurada la dirección técnica, en diciembre, una vez que Alejandro Domínguez cerró con Ramón Díaz.

La Absoluta era su verdadera ambición. A un mes de la competencia, el proceso de selección y entrenamiento llevaba más de  6 meses en manos de otros técnicos. Ante todo esto, la administración de la APF, está a tiempo de poner en la balanza todas las aristas de lo sucedido en Uruguay y buscar bajo otra conducción un camino diferente.