NBA jueves 15 de junio de 2017

La gloria no tiene precio: David West, el campeón que menospreció al dinero

Se sigue hablando de las finales de la NBA a pesar de haber pasado ya tres días de aquella histórica noche, donde los Golden State Warriors frente a los Cleveland Cavaliers recuperaron el cetro al conseguir su segundo campeonato en tres años. Al finalizar el Game 5 las cámaras se centraban especialmente en la victoria de Kevin Durant sobre LeBron James. Y entre tantas superestrellas, victorias y fracasos había un jugador fuera del foco de la prensa que se convertía en uno de los jugadores más valiosos sin necesidad del galardón de MVP.

Por Juan Pintos Sumi - @elbuenJuane

Ese jugador es el veterano David West, quien renunció a lo material a cambio de la gloria, éste es el caso que D10 destaca y apremia con el presente artículo.

INTENTO DE MUCHOS, LOGRO DE POCOS
Desde rookies (novatos de primer y segundo año) cada jugador busca explorar y explotar su máximo potencial desarrollando y consolidando su juego en la medida que pasan las temporadas.

Coleccionando experiencia aprenden de sus entrenadores y de sus propios compañeros hasta convertirse en el mejor de los casos en jugadores franquicias y All-Stars. Con el tiempo se convierten también en líderes, van marcando pautas en su equipo y acumulan grandes números personales en las infinitas estadísticas de la NBA.

Son varios los galardones individuales que la liga ofrece: rookie del año, mejor defensor de la NBA, jugador con mejor evolución, jugador más valorado de la temporada (MVP), mejor sexto hombre, entre otros. Pero independientemente al talento individual y los logros personales, el mejor reconocimiento es el logrado en el juego colectivo: el campeonato.

Al final del camino –para todo jugador– el anillo es destino al que todos quieren llegar, es el premio que más pesa durante toda su carrera, la joya más bonita, la que más brilla y mejor luce.

A pesar de entrar al mundo del baloncesto profesional cargados de talento innato y trabajo duro, fueron, son y serán muchas las estrellas, superestrellas y leyendas de la NBA a los que el tan anhelado anillo no llegará a sus dedos y a sus vidas. La gloria en la NBA es una flor dorada caprichosa y codiciada que solo abre sus pétalos una noche de junio al año, para alimentar con su néctar a solo un enjambre de los treinta existentes, no importa la capacidad de vuelo ni las alas, la primavera no es para todos en esta competición.

Antes de dar el suspiro final en las canchas, en un último intento por conseguir el éxito, algunos veteranos deciden dejar de lado prioridades innegociables para muchos –como lo es el dinero– y a pesar de ello, dicho sacrificio no garantiza el éxito incomparable, por los que muchos prefieren los dólares antes que intentar alcanzar la gloria.

David West, de 36 años, luego de haber jugado durante 13 años antepuso sus sueños reales y dejó de lado todo bien material posible en búsqueda de la gloria, ha sido capaz de dejar abajo el dinero para dar el gran salto de su vida, y no lo ha logrado en el primer intento sino en el último.

13 INVIERNOS, 0 PRIMAVERAS
David West saltaba al nivel profesional en el Draft del 2003, siendo seleccionado por New Orleans escribe sus primeras ocho temporadas en los Hornets, donde llega a la cúspide de su carrera al consagrarse jugador All-Star en los años 2007 y 2008, momento cúspide en el que promediaba por partido 20.6 puntos, 8.9 rebotes, 2.3 asistencias y 1.3 tapones por noche, ganándose una merecida fama de jugador de equipo con grandes dotes defensivos no exentos de calidad.

Aparte de sus números, West se caracterizaba por ser un jugador sobrio y eficiente, rocoso y duro, sacrificado y buen compañero tanto en la pista como en el vestuario.

Fue así como se convierte en el máximo anotador de la historia de los New Orleans Pelicans y pasando su octava temporada y la treintena de edad, siendo aún un veterano, en un gran momento con aptitudes muy respetadas en la liga decide migrar y luchar por un anillo en los Indiana Pacers, quienes en ese momento eran dirigidos por Frank Vogel.

4 años de lucha en los Pacers no le fueron suficientes ni siquiera para escribir la palabra "finales" en su curriculum, siendo su verdugo un LeBron James que iniciaba su reinado, impidiéndole llegar a su objetivo final envejeciéndole en el intento. David West ya cumplía 35 años y toda una vida de jugador profesional sin primaveras, con el nuevo monarca dominando y apoderándose de la Conferencia Este no había manera de conseguir el sueño de toda una vida: verse lucir un anillo de Campeón.

Con tantos inviernos encima, su prime ya había pasado y aunque aún seguía siendo un jugador valioso empezaba a perder protagonismo en su equipo. Con cada vez menos minutos en cancha cada día veía más lejano a aquél anillo por el que tanto luchó, aquella primavera parecía alejarse de su sueño para siempre, en su pesadilla se reflejaba como un insecto, sin miel, incapaz de coronarse, polinizar y cerrar el ciclo glorioso de la vida exitosa de un jugador.

DECISIÓN DE CAMPEÓN
En el siguiente verano, el del 2015, decide renunciar a su contrato de 10.000.000 de dólares, rechaza los $ 12.600.000 propuestos por los Pacers y se aleja de la ciudad de Indiana para firmar un contrato mínimo de veterano en San Antonio, donde no ganaría ni siquiera el 15% de lo que ganaba, a cambio jugaría en los Spurs de Gregg Popovich, donde sería bien recibido.

Parecía que West utilizaba su último cartucho en Texas, los Spurs contaban con muchas posibilidades de campeonar luego de cerrar una temporada con 67 victorias.

Los pájaros cantaban y todo pintaba color de rosas y al parecer West dejaría atrás el frío del invierno y pronto vería el sol en el horizonte, pero en segunda ronda de los Playoffs a su tripulación le envestiría un sorprendente camión doble eje llamado Oklahoma City Thunder, que capitaneados por la dupla Kevin Durant y Russell Westbrook le aplastarían en seis eléctricos juegos.

David West se encontraba aplastado en medio de la ruta, lejos de sus inicios y lejos del destino buscado, no le quedaba de otra que volver a empezar.

VOLVER A EMPEZAR
Luego de renunciar al tema material, David West ve que su sacrificio no ha servido para nada y no ha trascendido de un mero intento. Caída la noche el anillo nuevamente se ocultaba y al día siguiente todo se trataba de volver a empezar.

El sol sale para todos, resulta ser que a los buenos les suele sonreír el destino de vez en cuando, y en el pasado verano acabó firmando de nuevo el salario mínimo de veterano para intentar un último asalto, esta vez en la tierra fértil del Estado Dorado donde habitan los Warriors.

West ya no es quien era, se había vuelto un jugador de rotación, con más tiempo en el banquillo que en la pista, pero con el mismo orgullo y constancia seguía siendo un jugador muy útil para el equipo californiano, tanto, que ni siquiera los Warriors sabían que una semilla se sembraba discretamente en el banquillo y luego daría sus frutos.

Después del invierno llegaba la primavera, West había sentido la química en el suelo de los Warriors, y fue ahí donde encontraría la tierra prometida, en los Playoffs cumpliría de sobra con su función, aportando un promedio de 5 puntos y 3 rebotes en los 13 minutos por noche en las que Steve Kerr necesitaba de él. Sus números extrapolados a 35 minutos darían las mismas cifras que en su mejor momento de All-Star. El veterano vivía el sueño paso a paso en Oakland.

David West se volvió clave desde el banquillo, había encajado a la perfección en el sistema de juego desarrollado en la bahía, junto a Andre Iguodala y Shaun Livingston se convertirían en el arma secreta de los Warriors y por sobre todo, en el factor X del quinto juego, en donde mediante una brillante actuación defensiva desequilibrarían el juego para posteriormente decantar el juego a favor de los suyos.

Su juego fue fundamental para abrir una racha abrumadora que finalmente le otorgaría el tan anhelado anillo por el cual luchó y dio lo mejor de sí durante más de 14 años de entrenamiento duro y disputa frente a un aro con redes.

David West renunció a los bienes materiales y no priorizó la riqueza con el fin de alcanzar el estado más alto de felicidad, que nunca ninguna cantidad de dinero podrá alcanzar jamás.

El campeón con el anillo en el dedo ahora disfruta de un momento impagable en su vida y en una entrevista manifestó que: "Hablamos de algo que no importa. No sirve de nada anteponer riquezas materiales a cosas que realmente te cambiarán como ser humano. Y al final del día es justo eso lo que somos, seres humanos. Todo el mundo está atrapado en un mundo material en el que se trata de acumular cosas. Los egipcios no podían llevarse nada con ellos. No puedes llevarte esas cosas contigo. Por tanto, necesitas momentos en la vida que ninguna cantidad de dinero podrá superar. Tomar ese dinero en Indiana no se sentiría así. Ni siquiera se acercaría".

Hoy, David West, con millones de dólares menos en su cuenta bancaria posee una riqueza interior invaluable, y deja un claro mensaje a través del deporte.


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