La metamorfosis del "Gladiador"

Una serie de casos de indisciplina de Fidencio Oviedo, esta vez por asistir a un evento nocturno, en el que estuvo involucrado también su compañero Jonathan Santana, colmó el vaso de la paciencia  de la dirigencia y desencadenó la salida de ambos de la entidad de Barrio Obrero.

Oviedo, que había sido excomulgado por Gustavo Morínigo de la plantilla principal por una cuestión extradeportiva, se alistaba para volver al primer equipo ante Guaraní. Pero recayó en el error de siempre cuando empezaba a recorrer el camino de la absolución.

Después de meses en la sombra, Florentín lo sacó de su ostracismo. El técnico antepuso incluso el aprecio antes que la disciplina rígida de su antecesor. Pero la reincidencia, la coyuntura, con el equipo último en la tabla y encaminándose hacia un "annus horribilis", no permitía tamaña irresponsabilidad.

Fidencio, en otro tiempo un feroz gladiador sobre el césped y voz influyente en el vestuario, fue degradándose desde su frustrada transferencia. Primero al Baniyas SC de Emiratos Árabes Unidos (2013) y posteriormente al Pachuca de México (2015), que lo compensó con 50.000 dólares en aquella ocasión.

En el 2015, el mediocampista fue castigado por Leonardo Astrada por una "llegada tardía" y después marginado del plantel principal  por "una falta grave de disciplina". Volvió con Roberto Torres, pero ya no era el mismo, fue perdiendo estabilidad emocional y su vida privada quitó relevancia a lo hecho sobre el césped.

Antes, mucho antes, se ganó el título de ídolo de la afición y su nombre se llegó a pronunciar con respeto en el despacho dirigencial por ser un celoso guardián del mediocampo. Tricampeón con Cerro (2012-2013-2015). Pero nunca pudo aprender la lección, pese a las múltiples oportunidades. Y hoy deja el club por la puerta de atrás. En total oscuridad.  

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