La otra cara del Olimpia demoledor

El Decano hizo una buena primera etapa en México. Atrevido, convincente, robusto. Superando a Pumas en dos facetas muy importantes: en lo moral y en lo futbolístico. En el complemento cayó la noche muy temprano y todo lo bueno lo arrojó por la borda en unos ocho minutos fatídicos, del 46 al 54, en donde recibió tres estocadas definitivas que sentenció su suerte copera.

Pero cercenemos la eliminación en dos partes. Olimpia inició el encuentro desde el paredón. Solo servía ganar. Y el equipo de Jubero entró tan bien conectado y consciente de su obligación. No tardó casi nada en asentarse en un escenario donde la altura atiza con un campo largo y mandó el primer aviso a escasos cuatro minutos con un disparo raso de Mendieta.

El efecto del tiro, exponer al rival la fuerza de su artillería ofensiva (29 goles en 12 partidos en el Apertura) y así evitar su alzamiento prematuro. Pasado el primer cuarto llegó el gol de Cristian Riveros para reforzar el espíritu y la mentalidad. La puesta en escena era formal y la orden refería un ataque frontal. Por esta vía, el Zorro dilapidó una chance neta, a mala hora porque con el segundo tanto pudo herir a Pumas y arrinconarlo en un escenario complejo.

Mucho músculo en el mediocampo con Piris Da Motta, que se atrevía a romper líneas y generar espacios. Y velocidad en Silva, Julián y William, más mental que física del 10 franjeado. Abajo, todos los desajustes defensivos fueron tapados por un extraordinario Diego Barreto, verdadero seguro de vida con tres intervenciones majestuosas.

En estas condiciones, el internacional chileno Julio Bascuñán, que inventó una falta para anular un gol a Fredy Bareiro, llevó el trepidante duelo a los vestuarios del hermoso estadio Olímpico Universitario.

No obstante, en el descanso Olimpia perdió los papeles y pagó muy caro las falencias y la desconcentración de sus centrales. En el reinicio, el equipo de Para Uno mostró la otra cara: su debilidad defensiva. José Leguizamón, de salvavidas (por impedir un gol dos veces en la primera fracción) empezaba su derrotero hacia un partido "inolvidable".

El empate tempranero de Alcoba (46 minutos) parecía demasiado y lo será en definitiva. Aunque Blas Riveros pudo devolverle la vida y la situación del script inicial, pero el juvenil tiró al tacho otra habilitación de envergadura de William Mendieta. La última oportunidad seria del equipo guaraní; después ya fue toda debacle.

Otra mala cobertura de Leguizamón en la Salustiano Candia no llegó a cerrar, permitió el segundo tanto de Matías Britos (49 minutos). Barreto ataja mucho, pero no puede hacer milagros. El desmoronamiento se concretó con el tercero, a solo ocho minutos del reinicio, cuando el capitán franjeado intentó cortar un pase filtrado y dejó a merced de Eduardo Herrera (54 minutos).

El tercero liquidó la historia. Después Leguizamón se fue expulsado, un castigo ya excesivo de Bascuñan al "mariscal de la derrota", porque siempre hay un responsable real o moral para la desilusión. Ismael Sosa aportó el último para el carrusel de goles. Así el arma letal del Olimpia en el torneo local, lo sufrió en carne propia de parte de un rival que le hizo mella su retaguardia para sacarlo de la Copa Libertadores, el objetivo principal al comienzo de temporada.