Los minutos más injustos

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A veces pecamos de injustos al evaluar solo el momento, la duración o la gloria. Somos tan resultadistas, mentalidad que estiramos de otros deportes y nos olvidamos del esfuerzo que hacen nuestros atletas por llegar hasta un punto.

Y en estas líneas quiero hablar sobre la pelea de César "Gokú" Arzamendia, en el UFC 201 en Atlanta.

Si bien, no soy un especialista en las Artes Marciales Mixtas, me tocó acompañar el trabajo de este paraguayo que dejó el Este del país para luchar por sus sueños. Desde el teclado y las pantallas acompañé su trabajo, su paso por el reality en el The Ultimate Fighter Latinoamérica y sentí la satisfacción de tener a un compatriota dentro de la élite mundial de la disciplina.

Una pelea puede durar segundos, minutos y ese tiempo puede ser suficiente para tirar al suelo 6 meses de duro entrenamiento, sueños y deseos que fueron construidos sobre el tatame. Ese tiempo o menos, es la diferencia entre el dolor o la euforia, entre la satisfacción o la crítica.

A veces caemos en la sentencia simple, en el resultadismo y nos olvidamos del lado humano, que el camino es más duro que el propio final. Pocos tal vez sepan de las necesidades que atravesó Gokú, la falta de apoyo, el costo que representa ser un profesional, la soledad en la distancia mientras entrenaba, la responsabilidad histórica de salir por la victoria para un país.

A veces debemos mirar más allá y si bien la derrota lastima, en esta disciplina llegar también es un logro. No hablo de conformismo, no digo eso, solo que muy pocos pueden hacer lo que este paraguayo de 25 años hizo, por méritos propios subir dos veces al octágono más famoso del mundo.

Por eso, Gokú: "La gloria no consiste en no caer nunca, sino más bien en levantarse las veces que sea necesario". La primera victoria deberá esperar, pero hay que seguir luchando.