Relato del niño con una entrada para el clásico

Hola, me llamo Luisito, estoy a punto de cumplir 7 años y soy el mayor de 4 hermanos. Vivo cerca del Caracolito y por las tardes juego partidí con mis amigos del barrio.  

La pelota zurcida a mano, tiene muchos parches, los pone el abuelo de Jorge, mi mejor amigo en el bañado. Su abuelo es zapatero, y por las mañanas cuando Jorgito y yo vamos a hacer nuestro lustre por el centro, don Cata se queja por otro pegamento que ya no está.

Haciendo picaditas soy el mejor, y Jorgito es el mejor arquero. A veces, jugamos a los penales, él dice que es Barreto y que yo soy Tacuara, las veces que finge ser comentarista de una final del mundo en la canchita.

Los dos tenemos nuestros sueños. Cuando el colectivo nos acerca hacia el Panteón de los Héroes, Jorgito y yo, hablamos de ellos. Él siempre quiso vestir la camiseta albirroja y yo... yo...

El Pa'i de la parroquia le dijo a don Cata que tiene entradas para nosotros, para ir si queremos, a ver el clásico en el Defensores del Chaco, que nos iban a invitar chipa, gaseosa y de regalo, una remera de Paraguay.

Nos pusimos muy contentos, por fin alguien se acordó de nosotros pensamos y desde que llegó la noticia, nos reímos hasta sin razón. Al fin Jorgito podrá lucir la albirroja, y yo... y yo...

Mamá tiene miedo, dice que vio en la tele, que es peligroso ir al estadio. Pero ella no entiende que para mí; peligroso era papá, esas noches en que arribaba tambaleando de hacía el río, escondiendo un filoso cuchillo tras la espalda.

Ojalá que mi club meta un gol, justo el primer día en que me voy a la cancha. Creo que va ser hermoso ver esas banderas bajando, escuchar esos cánticos zumbando y mirar cómo juegan los mejores del país. Me lo contaron una vez.

Jorgito solo quiere que llegue la hora del partido, sueña con estar saltando en esa cancha conmigo, quiere aprender algo nuevo de lo lindo que es el fútbol, y yo... y yo...

Yo espero que cuando el partido se acabe, llegue a casa contento, que mamá me dé un abrazo, que me regale el más rico de los besos y que me diga despacito que amanecido el lunes, vamos a ir al mejor doctor y a la más hermosa de las escuelas, y que también eso, será un regalo.

Por la tarde, ella gritará mi gol.