San Lorenzo: La estrepitosa caída de un coloso

Ni una protesta, ni 4 entrenadores, ni 3 doctores, ni casi un centenar de futbolistas pudieron evitar la dura caída del Sportivo San Lorenzo, quien en menos de dos años se trepó fugazmente a lo más alto del fútbol paraguayo para no conseguir nada, y empezar la caída en picada, una que no parece tener fin. ¿Los motivos?

Cuando llegaba el primer golpe de realidad, tras aquel descenso a la categoría Intermedia, la mayoría de los seguidores de un club que de alguna u otra manera representa a toda una gran ciudad, por estar situado en el corazón del Departamento Central, nunca imaginó que todavía todo podía empeorar.

Varios son los factores a analizar para lograr identificar los motivos que hoy encuentran al Rayadito una división más abajo. Dirigentes incapaces, falta de carácter, falta de liderazgo y muy poco tacto, sobre todo en los momentos cruciales, podrían ser suficientes para definir este desplome.

Sin embargo, varios periodistas y aficionados de la comuna sindican, casi sin dudar, al tesorero de la institución como principal responsable de lo que ellos consideran una catástrofe, puesto que el maltrato a los jugadores, a los socios, a los hinchas y a los mismos comunicadores eran cual pan cotidiano en el Gunther Vogel.

Sucede que quien ocupara el puesto de administrador financiero, al mismo tiempo pecando de individualista y con la venía de los demás dirigentes, osaba de tomarse atribuciones que sencillamente no le correspondían.

Entonces, con tal gestión, se cometieron errores claves. Por citar un ejemplo, antes del inicio del torneo, el citado regente prescindió de la contratación de jugadores con argumentos vacíos, llamando a otros con rótulos sobrevalorados y que nunca lograron cumplir con las expectativas.

¿Cómo pudo haber pasado eso? Muchos hablan de "chonguismo", y me cuesta no creer que esto fuera así, cuando poco o nada la cuarta afición más recaudadora del certamen consiguió ver a los mejores de su cantera con la confianza necesaria en la cancha.

Se da por ende una cadena de problemas, los cuales terminaron por acentuarse con la bifurcación que se mostró entre las tres columnas de un club, futbolistas, dirigentes y socios cuando la soga del promedio terminó por apretar el cuello.

Sobre ese sufrido final, existieron también duras denuncias que confesaban que los rayaditos, en ocasiones, no tenían ni un plato para comer, o no se les daba la atención necesaria, y todo eso se reflejaba también en su tenue rendimiento. Los resultados están a la vista.

Ahora, con una especie de manotazo de ahogado. El club presentó una apelación a lo resuelto por el Tribunal Disciplinario con respecto a la protesta presentada ante el Sportivo Iteño. La respuesta será la misma y aunque cueste me animo a adelantar el camino.

Las mismas personas volverán a postularse con miras a ocupar los cargos institucionales en la próxima asamblea, debido a que esto otorga ciertos pequeños beneficios como viajes con la APF a los partidos de las Eliminatorias Sudamericanas.

Algo tan baladí, pero que pareciese ser lo único que importa a muchos, cuando por decencia y dignidad estos deberían de renunciar, o mínimamente ceder su lugar a nuevas autoridades que a la vez conciban el deporte como un servicio, pues los dirigentes tienen que concebir ese claro don, para conseguir el éxito.

Está por demás decir que el fútbol no es solo un negocio.