Fútbol Internacional martes 30 de agosto de 2016

Schweinsteiger, un ídolo dirá adiós contra Finlandia

El amistoso que jugará Alemania contra Finlandia en Mönchengladbach será también el adiós de su capitán Bastian Schweinsteiger, uno de los ídolos más grandes de la historia reciente de la Mannschaft cuyo sucesor todavía no ha sido determinado.

"Sobre el nuevo capitán hablaremos el jueves, ante Finlandia el capitán es Bastian", dijo el seleccionador Joachim Löw al ser interrogado sobre la sucesión.

Con el amistoso contra Finlandia, Schweinsteiger completará 121 compromisos como internacional en 12 años y fue un ídolo desde la primera que vistió la camiseta de la selección, en un amistoso contra Noruega en 2004.

El, junto con Lukas Podolski, se convirtieron en los símbolos de Alemania ya en el Mundial 2006, pese a la importancia que tenía para el equipo el entonces capitán Michael Ballack o el goleador Miroslav Klose.

Los dos trajeron a la selección alemana una nueva frescura, un descaro juvenil que los convirtió en los consentidos de la afición pese a que muchos en esa época se refirieran a Alemania como el FC Ballack.

El despliegue definitivo de Schweinsteiger como líder de la selección se dio en el Mundial de 2010, del que Ballack se quedó pro fuera por lesión. El brazalete de capitán lo recibió Philipp Lahm pero, al anunciar esa decisión, Löw señaló que Schweinsteiger, vicecapitán, era el "líder espiritual".

Esa condición la ejerció en Sudáfrica, donde más claramente se vio fue en el partido de cuartos de final contra Argentina en el que Alemania se impuso por 4-0, en la Eurocopa 2012 y llegó a su punto culminante en el Mundial 2014.

Durante una conferencia de prensa en Düsseldorf, se recordaron dos momentos previos a la final contra Argentina. Primero, una escena en la que Schweisteiger le puso la mano en la cabeza a Christoph Krammer, que entro a la titular en el último momento por lesión de Sami Khedira.

"Sabía que la situación para él era difícil, sólo le dije que jugará como había venido entrenando", explicó Schweinsteiger.

El otro momento fue cuando los equipos saltaron al campo.

"Bueno muchachos, ahora hay que darlo todo", dijo Schweinsteiger a lo que el siempre irreverente Thomas Müller respondió que todavía no y recordó que faltaban cinco minutos para el pitido inicial.

"Esa es una salida típica de Thomas Müller", recordó Schweinsteiger con una sonrisa en la boca.

De alguna manera, la irreverencia de Müller era una herencia del espíritu que había introducido en la selección Schweinsteiger y Podolski.

Pero en la final también se vio a Schweinsteiger como un guerrero épico, devorándose en el campo y, tras un choque con un rival, con el rostro ensangrentado en el camino hacia el cuarto título mundial para Alemania.

Al final, apareció otra vez con Krammer, que sólo había podido jugar cerca de 20 minutos por una conmoción cerebral tras un choque con un rival, y con Podolski.

"No se acuerda nada, ha ganado un campeonato del mundo y no se dio cuenta", decían alternativamente Schweinsteiger y Podoski mientras empujaban a un risueño Krammer de un lado a otro.

El primer torneo de selecciones de Schweinsteiger fue la Eurocopa 2004, donde fue suplente y sólo jugó unos minutos. En los torneos posteriores - los Mundiales de 2006, 2010 y 2014 y las Eurocopas de 2008, 2012 y 2016, llegó por lo menos a semifinales y, cuando no estuvo lesionado, fue siempre titular.

"Lo mejor de todos estos doce años fue sentir que la afición estaba con nosotros, lo sentimos en casa en 2006 y después al volver de cada torneo", dijo Schweinsteiger.

Su decisión de dejar la selección la tomó después de la pasada Eurocopa, a la que había llegado con problemas físicos.
"En vacaciones me pregunté si estaría en el futuro en condiciones de poner la misma pasión que puse en 2014 y la honestidad me obligó a responder negativamente", explicó.

Con él y con Podolski -que no estará mañana por lesión pero a quien Löw le ha prometido buscar otra ocasión para su despedida- dejan la selección los últimos dos supervivientes de Alemania 2006, un mundial que todavía se recuerda como "el sueño de verano" pese a que al final se saldo con un tercer puesto. EFE

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