¿Y por casa cómo andamos?

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Foto: Los Bukaneros del Rayo Vallecano Español

Por Pedro Lezcano - @pedritolezkano
En el país de los eufemismos, fútbol y violencia representan una sociedad casi indisoluble, pero así también, un tema de conversación que muchas veces se omite o se evita llevar adelante.

Un simple ejemplo es lo ocurrido con el futbolista y nuevo refuerzo del América de México, Cecilio Domínguez. Un atleta de condiciones deportivas envidiables y quien a su corta edad (22 años) se ha visto envuelto en un caso judicial de público conocimiento. Fue denunciado por supuestos actos de violencia familiar.

No voy a entrar en detalles particulares, pues la Justicia —si así se la puede llamar— es la que debería determinar la culpabilidad del acusado y aplicar las legislaciones correspondientes.

Cabe recordar que la psicóloga Graciela Zelada, del Poder Judicial, señaló un "desorden de estrés postraumático por violencia" tras diagnosticar a la denunciante, quien luego retiró la inculpación y optó por cerrar un acuerdo amistoso, justo el día en que el habilidoso delantero pretendía asegurar su futuro con un millonario contrato en el exterior.  

Pudo haber sido la extrema presión de lo poco charlado, lo poco invitado a salir a la luz cuando la ocasión lo amerita o lo normalizado, lo eternamente normalizado lo que influenció en aquella decisión.

Lo cierto es que hoy por hoy, eso no podría haber sido posible, ya que desde el pasado 1 de diciembre corren por los tribunales las modificaciones logradas por la campaña lanzada bajo el nombre de "Por ellas", con lo que la posibilidad de la conciliación quedó eliminada y el Ministerio Público se ve obligado a actuar de oficio. Quizás para suerte del 10, según los entendidos, ninguna ley es retroactiva.    

Más allá de si la Justicia prueba o no la veracidad de la querella, esto debería servir para observarnos cada uno, teniendo en cuenta que nuestros niños se ven reflejados en quienes tantas alegrías regalan por la vía del entretenimiento rey.

Sí, en nuestras casas, de manera introspectiva, viéndonos como semejantes en cuanto a nuestras actitudes hacia las personas de otro sexo y reflexionando sobre nuestras prácticas. Los jugadores profesionales también.

Porque así como lo ocurrido tiempo atrás con un conocido líder de barra y otros deportistas, lo atribuido al futbolista en cuestión no es un hecho aislado y su condición de crack no lo exime de responsabilidades ni le otorga impunidad alguna.

Se puede equivocar, sí, y tal vez todavía le falta reconocerlo, pero también es cierto que existen casos de féminas que apremian a sus pares masculinos. No es algo que ponga en tela de juicio.

Sin embargo, las ásperas estadísticas bien indican que las manifestaciones de crímenes sobre las mujeres representan también la triste hegemonía. La negativa tendencia habla de que en Paraguay cada 9 días y medio una mujer muere asesinada en manos de su ex o actual pareja sentimental. Basta con leer las noticias para enterarse.  

Duelen los números, duelen porque una de ellas mañana puede ser mi madre o mi hermana o simplemente una mujer que acaba de dejar las "tareas del hogar".

Llegó la hora de parar la pelota, interpelarnos y ser inteligentes a la hora de dar el pase correcto. Dejar de dirigirnos con agravios disfrazados de "piropos" sin el consentimiento de las mismas, desde las graderías de las canchas o camino a los estadios, puede ser un buen comienzo.

Quien dijo lo siguiente no descubrió la gambeta perfecta ni mucho menos, pero si algo no es secreto es que "respetar para conocer el lujo de ser respetado" es una nueva oportunidad para mejorarnos como seres día tras día.

Queda la tarea pendiente.